lunes, 3 de agosto de 2009

En Medellín llovieron billetes

El jueves 29 de noviembre de 2007, cuando el reloj pasaba por las 11:47 a.m., sobre algunos afortunados cayó la lluvia más hermosa que se haya visto sobre la Avenida Nutibara: cayeron billetes

Por: Sergio Zuluaga

El valioso aguacero tuvo epicentro en la ventanilla delantera izquierda de un taxi que soltó la carga a la altura de la carrera 79, sobre el separador central de la Nutibara.
Justo ahí, seis menores de raza negra que habitualmente piden dinero y venden limones en el sitio, se resguardaban del sol bajo un árbol, antes de que se presentara el milagro.
Sucedido, el viento y la gravedad peleaban por el botín, mientras los menores se abalanzaban sobre las Policarpas Salavarrietas, los Julios Garavitos, los Jorges Isaacs y los demás próceres que danzaron en ese trozo de ciudad. Eran billetes de todas las denominaciones.
Luego llegaron los transeúntes y después se incorporaron los conductores de los carros y las motocicletas, que pararon sus vehículos para sacar tajada. Una pareja motorizada, según coinciden varios testigos, abrió un morral y lo alimentó de billetes.
Transcurrió menos de un minuto y el aire recuperó transparencia. El efecto piraña le ganó la carrera a Hernán Galeano, un reciclador que mientras se percataba de que era dinero, dejó pasar su 'cuarto de hora'.
Como él quedaron los empleados de los establecimientos cercanos, que sufrieron en carne propia aquella frase popular que reza 'el que piensa pierde'.
Y lo morenos, por ninguna parte, de acuerdo a los testimonios. Desaparecieron conforme el dinero y no fueron a almorzar a 'Chicken Steak', donde a diario compraban una sopa por 200 pesos, de la cual comían todos.
Barriga llena...
El mito, que se tejió a lo largo del día, dice que los vieron salir de 'Mi Buñuelo' con las panzas hinchadas y los corazones contentos. La realidad, dice que nunca volvieron, tomándose el día libre y gozando en algún lugar de esta urbe.
¿Quién fue ese Santa Claus criollo que se le adelantó a la Navidad? Nadie lo sabe. Un empleado de Mi Buñuelo señaló que tras lanzar los regalos, bajó la velocidad, miró por el retrovisor y volvió a hundir el pedal, perdiéndose entre el trafico del mediodía.

- "Vi cómo la gente se bajaba de los carros a coger billetes. Los que más cogieron fueron los negritos que estaban ahí cuando tiraron la plata. Yo no alcancé a coger nada. Al que estaba conmigo le cayó un billete de mil".
Abraham Garcés

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